DANZAD, DANZAD MALDITOS, maratón vital

Danzad, danzad, malditos
“Puede que no reconozca a un ganador al verlo, pero desde luego me doy cuenta del que va a perder”

DANZAD, DANZAD MALDITOS, They shoot horses, don´t they?, Sydney Pollack, 1969

Basada en una novela de curioso título, They shoot horses, don´t they? Sydney Pollack se valió del potente material del libro,  para sacar lo mejor de sus actores en este drama descarnado que acaba dejando al espectador casi tan roto como a sus personajes.

JANE FONDA Y MICHAEL SARRAZIN PAREJA DE BAILE

Durante la época de la gran depresión, una multitud de personas hambrientas y desesperadas recorren Estados Unidos recalando en torneos como el que muestra la película, un maratón de baile  que gana la última pareja que quede en pie. Además de los mil quinientos dólares del premio, el verdadero cebo del concurso es que los participantes disfrutan de techo y comida mientras el cuerpo aguante.

Jane Fonda y Michael Sarrazin forman el atormentado dúo protagonista en este filme que transita por los caminos del reality show televisivo.  Junto con el resto de bailarines se embarcan en un maratón vital ,  una prueba de resistencia extrema, tanto física como mental.

Como todo circo mediático, éste se sostiene por el interés del público asistente, y por el entusiasmo de los participantes, figuras de todos los pelajes a los que dan vida y color un amplio abanico de secundarios: Susannah YorkRed ButtonsBruce Dern

CRUEL METÁFORA DE LA VIDA

La figura que anima el “sarao” es el omnipotente maestro de ceremonias, un grandioso Gig Young (ganador del Óscar a mejor actor de reparto). Él maneja a su antojo a los participantes como si fuesen títeres a los que premia, hostiga y adula,  en un juego de tortura psicológica que los destroza incluso más que las duras horas de baile sin descanso.

Una vez los personajes entran en la rueda del “todo vale”, cobra cada vez más fuerza esta cruel metáfora de la vida, en la que las fuerzas dominantes rigen el mundo imponiendo sus sádicas reglas y a los demás nos toca danzar, danzar como malditos al ritmo de su batuta.

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